
Andre Breton, figura del surrealismo
Tras las galas y oropeles modernistas y el conceptismo poético posterior, la lírica salió totalmente transformada y todo aquél caudal enriquecedor requería una lenta asimilación. Por ello, la segunda década del siglo XX fue una etapa experimental. Así, en un breve periodo de tiempo, se suceden los llamados movimientos de vanguardia o sencillamente ‘las vanguardias’.
En afortunada expresión de Ortega y Gasset en su ensayo ‘La deshumanización del arte’, éstos concebían la literatura como juego y, en consonancia con ello, todo tipo de audacias eran permitidas. Desde la exaltación del maquinismo del futurista Marinetti hasta los collages o los caligramas del cubista Apollinaire, pasando por la asociación arbitraria de palabras del creacionista Huidobro, toda clase de experimentos eran bien vistos.
Y todos estos movimientos –Futurismo, Cubismo, Dadaísmo, Ultraísmo o Creacionismo-, tan originales como efímeros, vinieron a confluir en una corriente que es síntesis de todos ellos y cuya importancia en la literatura posterior es fundamental: el Surrealismo, creado por André Breton y Louis Aragon.
André Breton (Tinchebray, Francia, 1896-1966), de orígenes humildes, participó en la Primera Guerra Mundial y, tras ella, entró en contacto con los círculos dadaístas y con los experimentos freudianos acerca de la escritura ‘automática’, consistentes en escribir fuera del control de la Razón y de limitaciones estéticas y morales.
Fruto de todo ello es la aparición del Surrealismo, auténtica revolución del arte y la literatura y cuya intención esencial era liberar el poder creador del hombre, para lo cual la poesía era un instrumento ideal.
Los surrealistas consideraban a la Razón como un elemento contaminado y, en consecuencia, la auténtica creación debía realizarse al margen de ésta. Para aplicar esta tesis, utilizaban diversas técnicas, entre las que destaca la mencionada escritura ‘automática’ y la reseña de los sueños, a los que consideran producto del subconsciente.
El resultado de todo ello es la liberación del lenguaje respecto a toda expresión lógica. En un poema surrealista nos encontramos asociaciones inesperadas de palabras, metáforas insólitas o imágenes delirantes y oníricas. Pero no se trata de un lenguaje gratuito. Como expresión del subconsciente, contiene una densa carga humana. El lector, probablemente, no comprenderá su significado pero recibirá un fuerte impacto emocional.
La aplicación de todas estas ideas produjo auténticos engendros pero también –en lo que se refiere a los mejores talentos, como Breton- obras sorprendentes, con una nueva coherencia y muy humanas. Y, en cualquier caso, el Surrealismo abrió nuevos caminos a la creación literaria y artística y supuso –tras unos años en que había predominado el ideal de arte ‘puro’- un retorno a lo humano y lo social en la literatura.
Foto: Andre Breton por mansionwb en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
Magnífico artículo! Estupendamente expresado.