
Howard Phillips Lovecraft (Rhode Island, 1890-1937) escritor norteamericano de relatos de terror se adelanta en el tiempo al desarrollo de la criogenia, o ciencia de preservar a los muertos por tiempo indefinido en congelamiento para que sus órganos vitales no se pudran y puedan revivirlos curados de la enfermedad que les dio muerte. En su cuento ‘Aire frío’, el narrador vive en una pensión habitada por hispanos donde conoce a un medico español que estaba muerto hace 18 años y vivía por el frío.
Este doctor de apellido Muñoz refrigeraba su aposento con amoniaco para conservar los tejidos de su cuerpo muerto. El zombie era una eminencia y debia su vida artificial a su maestro en medicina Torres de Valencia. Muñoz muere en una fetidez atroz cuando se malogra el motor de su bomba de refrigeración, sobrevive unas horas por que le traen hielo, pero el calor del día lo aniquila. El relato se cuenta como un recuerdo que ha causado en el narrador miedo a las corrientes de aire frío.
El frío
En el narrador se desata una fobia a las corrientes de aire frío después de ver muerto y putrefacto a Muñoz. En este relato de terror desde el inicio se anuncia algo misterioso, la repulsión con que el narrador se acercó a este médico, luego por su cultura y trato empezó a admirarlo, pero ya en su estado de agonía volvió a sentir repulsa por el. Este zombie se descompone en charcos pestilentes, hinchando su cuerpo, para dar el toque visceral al relato de terror y estremecer al lector, que sospecha un final funesto.
Cuando Muñoz comienza a decaer aceleradamente, el narrador lo atiende hasta que tras la falla de la bomba del motor, sale a comprar hielo para generar frío en la habitación, además contrata a un vago para que atienda al moribundo con el hielo, mientras el busca a dos mecánicos competentes. El vago huye aterrado durante la putrefacción de Muñoz y todos los vecinos se quedan pasmados ante la puerta cerrada esperando el final. El zombie había confesado por carta su estado de preservación y la causa de su muerte.
El frío simboliza la muerte en este cuento, también la suspensión de la vida, el vínculo con el misterio y el miedo que irrumpe en el organismo ante lo desagradable y pasmoso. En la narración brinda un ambiente de extrañeza al espacio habitado por Muñoz, que es una isla dentro de la pensión de la señora Herrero. Ese aposento es el nexo con la muerte, con la anormalidad y la enfermedad, rompe el estado cotidiano de la vecindad, pues a Muñoz le tienen miedo y Herrero no deja a su hijo Esteban acercársele.
La criogenia
El doctor Torres configuró los restos de Muñoz para que sobreviva a la muerte en una especie de suspenso
de la vida natural, pero murió de la impresión. El zombie se aferra a la vida, por precaria que sea, pero guarda su secreto hasta el final. En la tradición del terror, solo Drácula sobrevivía a la muerte por maleficios y por nutrirse de sangre humana, reciclando su organismo. En el caso del doctor Muñoz, los órganos no se reciclan, permanecen congelados por el amoniaco helado sin podrirse.
La criogenia es la base de la preservación de Muñoz, sin embargo el se encuentra con la mente activa, su conciencia del tiempo y el espacio funciona. Tiene una forma de vida extraña, su estado no es catalepsia, porque supondría una vuelta a la vida con las facultades de los organos ordenadas y en estado aceptable de funcionamiento. Muñoz despierta la curiosidad y el morbo de sus vecinos, pues nadie sabe por qué no sale al exterior, sin embargo pudo trabajar como médico en su habitación por un tiempo.
Muñoz tiene los tejidos dañados, su vida no se mantiene natural, solo se prolonga la actividad de su mente. Es una conciencia que se estudia a sí mismo, ya que el podría seguir estudiando su caso a ver si daba solución de continuidad a su nueva vida. El amoniaco en exceso es nauseabundo, este es un recurso para citar un elemento contingente que configura el clima de terror en la narración. El texto tiene que tener pasajes desagradables porque la muerte no es deseada, tampoco los muertos.
El ambiente decadente
El narrador vive en una pensión barata, la casera es una española fornida y barbuda, que vive con su hijo Esteban. Varios de los inquilinos son hispanos, de un aspecto que deprime al narrador, aparte que los describe poco comunicativos. Esta velado el racismo de comienzos del siglo veinte, donde los latino americanos hacían trabajos menores en Estados Unidos, estaban hacinados en habitaciones pequeñas y no podían comunicarse por que no dominaban el inglés o lo aprendían muy lentamente.
La sociedad norteamericana de la época de Lovecraft era muy estratificada, y por competencia cultural, no quería abrirse mucho al bloque hispano parlante, para no perder el predominio del inglés. Completa la atmósfera de decadencia, la pobreza de la pensión en que vive el narrador, el escenario tétrico y misterioso de Muñoz, el descubrimiento de su condición de zombie al final y la repugnancia que motiva este ser. La expresión máxima de decadencia es la inmundicia en que termina el relato.
En la pensión están en un círculo de miseria, ya que al narrador solo le queda contratar a un vagabundo para que atienda a Muñoz con el hielo mientras el busca mecánicos. El cuento tiene el estilo de los relatos de Weird Tales, bien compensado y elaborado, que llega a romper el ambiente cotidiano, para presentar un caso de una segunda muerte después de la muerte biológica y la infiltración de un muerto como zombie en el mundo de los vivos, ocultando su verdad pero causando sospecha.
Conclusión
Este cuento de Lovecraft recurre al tema del zombie, pero no por caso de brujería sino por el uso de la criogenia, una técnica muy adelantada a su época, que queda insinuada en el relato. Muñoz el zombie sufre una segunda muerte al perder el frío de su aposento. Ya vencido por la descomposición no le queda más que confesar por escrito su condición de muerto viviente, sembrando el pánico y el asco entre sus vecinos que hallan sus despojos deformados por la muerte definitiva que lo descompone.
Lectura del relato | ‘Aire frío’, en Librodot

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3 Comentarios en “‘Aire frío’ de H.P. Lovecraft”
ESTA PADRE COMPRENLO
Sin duda alguna, H.P. Lovecraft es todo un maestro en el arte de contar historias de terror. Su narrativa envolvente, sus argumentos inquietantes, las verdades ocultas y las realidades paralelas, hacen que una vez que se abre un libro de su autoría no se pueda dejar de leer sea la hora que sea y sea lo que uno tenga que hacer a la mañana siguiente. Lo mejor es que no son de los libros que al terminarlos se olvidan. Algo más allá del subconsciente queda en uno. Una marca severa queda en uno y en este caso, un aire frio congela los huesos hasta el tuétano. Maestro!
muy bueno pocos de los que me han gustado