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Opinión, Poesía
Los inicios de un gran lírico

Adolescencia, de Juan Ramón Jiménez o la pubertad poética

Un romance infantil
Luís Martínez González
15:30h Martes, 29 de junio de 2010
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Los inicios de la trayectoria de un poeta, como los de todo escritor, suelen ser de aprendizaje y se apoya en los ejemplos que tiene más cercanos. No es que carezcan de calidad –si tiene talento- pero revelan falta de técnica y, sobre todo, del empaque y solidez que proporciona la experiencia.

Foto de Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Aunque algunos se avergüenzan de esas composiciones y trata de hacerlas desaparecer, es algo natural. Nadie nace con el saber adquirido. Es algo que les sucede a los mejores. Ni siquiera un poeta de la talla de Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-1958) -el mítico autor de Platero y yo- se libra de recorrer esa fase de aprendizaje antes de sumarse a las filas del Modernismo que le proponían Rubén Darío y Villaespesa.

Hombre dotado de extraordinaria sensibilidad, Juan Ramón representa como nadie el prototipo del poeta “encastillado en su torre de marfil” –en famosa frase de un crítico-, es decir, el autor consagrado a su obra y a la búsqueda de la perfección formal y de la belleza. Pero, sobre todo –y no es el único caso- persiguiendo la palabra esencial, desnuda de artificio y rica en significados.

La lírica resultante es, por fuerza, minoritaria debido a su creciente hermetismo y selección. Pero, como decíamos, antes de llegar a esta elevación poética, Juan Ramón atravesó diversas fases creativas. Cuando llegó a Madrid, llamado por Rubén, era ya un poeta modernista, pero antes había dejado un conjunto de composiciones encantadoras por su sencillez.


Se trata de poemas de juventud en los que es indiscutible el influjo de otro andaluz universal, Gustavo Adolfo Bécquer y que muestran un posromanticismo suave y una deliciosa inocencia.

Quizá una de las mejores muestras de esta lírica inicial sea la composición titulada Adolescencia, en la que Juan Ramón nos presenta un romance infantil: en una atmósfera otoñal de tonos grises, dos muchachos se ‘hacen’ novios. Ella se muestra tímida e ilusionada y él apenas poco más atrevido. La inocencia y la sencillez lo preside todo.

Foto de Moguer

Una vista de Moguer, donde nació Juan Ramón Jiménez

Se trata de un poema muy distante de los de su etapa de madurez, en los que la palabra esencial, rica de significados y compleja pero desnuda de toda ornamentación será lo dominante. Aquí, por el contrario, no evita la adjetivación ni las imágenes retóricas, aunque –como toda tímida obra inicial- siempre dominadas por la mesura y la sencillez.

En suma, nos encontramos ante un precioso poema que ya revela el extraordinario talento poético que Juan Ramón demostraría a lo largo de toda su obra y que lo convierten en uno de los más grandes líricos en castellano del siglo XX.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Cervantes Virtual.

Fotos: Juan Ramón Jiménez: Claudio Elías en Wikimedia | Moguer: Bert K en Flickr

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