Los primeros años del siglo XX asisten a una renovación de las técnicas narrativas que modifican por completo el estilo clásico de novelar y que culminan, en los años sesenta, con el ‘Boom’ del relato hispanoamericano propiciado por las obras de Vargas Llosa, García Márquez y otros muchos.
Pero, antes que éstos, algunos grandes narradores habían introducido elementos nuevos en la novela. Es obligado citar el Ulises de James Joyce o la gigantesca En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, así como las novelas de Franz Kafka.
Poco después de ellos, surge la llamada ‘Generación perdida’ norteamericana, un grupo de escritores desengañados del mundo –habían vivido en persona la Primera Guerra Mundial- y que aportan nuevas técnicas narrativas y consolidan otras. Entre ellos, se encuentran Hemingway, Scott Fitzgerald, Steinbeck o Dos Passos.
Pero, probablemente el más cualificado de todos ellos sea William Faulkner (New Albany, Mississippi, 1897-1962), excepcional novelista que, al modo del Macondo que más tarde crearía el citado García Márquez, inventa un mundo ficticio situado en el profundo sur norteamericano al que bautiza con el sugerente nombre de Condado de Yoknapatawpha.
Pero la narrativa de Faulkner va mucho más lejos de la creación de un mundo imaginario. Sus obras constituyen una pintura sombría de un mundo en descomposición, plasmado con tono pesimista. Y a ello se añaden las grandes novedades técnicas a que anteriormente aludíamos.
Así, por ejemplo, adopta el llamado perspectivismo, que consiste en que son varios los personajes que narran la historia, de tal suerte que el lector recibe distintos puntos de vista de la misma. Y, con ello, desaparece la figura del autor presente en la obra y que opina acerca de lo que en ésta sucede.
Todos estos elementos se encuentran en ¡Absalom, Absalom!, situada en el imaginario condado al que aludíamos y que narra la trágica historia de la decadencia de la familia Sutpen, que, tras elevarse en los tiempos de la esclavitud, contemplan su imparable caída con la Guerra civil estadounidense.
No obstante, se trata –como todas las obras de Faulkner- de una novela de difícil lectura, ya que el escritor norteamericano acostumbra a romper el orden cronológico de los hechos, a esconder datos al lector y a alterar la objetividad de sus narradores. Sin embargo, se trata de una obra excepcional y subyugante, con una prosa admirable. No en balde, el autor fue galardonado con el Premio Nóbel en 1949.
Podéis leer la obra aquí.
Fuente: Letras libres.
Fotos: William Faulkner: Pingnews.com en Flickr | Casa en Oxford: Tpholland en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.