Entre los poetas, como por otra parte sucede en todos los demás oficios, existen rencillas y enemistades que, en algunas ocasiones, han llegado más lejos que la simple competencia entre talentos. Es muy conocido, por ejemplo, el odio sincero y plenamente correspondido que Quevedo muestra en sus obras hacia Góngora.
Pero también se da el caso contrario, es decir, la mutua admiración entre artistas y, lo que es más, la bendición del poeta mayor y plenamente consagrado que acoge en el Parnaso al principiante, otorgándole con ello verdadera categoría lírica.
En esto último, pocos han igualado a Antonio Machado (Sevilla, 1875-1939), uno de los más grandes talentos que ha dado nuestra poesía contemporánea y siempre dispuesto a reconocer la talla artística de sus compañeros de oficio.
Sin duda, otros autores han escrito palabras más bellas que las de Machado pero muy pocos lo igualan en hondura humana. Naturalmente, ello no significa que las composiciones del sevillano carezcan de belleza lírica sino que –probablemente marcado por su carácter austero- el autor de Campos de Castilla nunca fue amigo de excesos retóricos u ornamentales.
Su propia definición de poesía –”la palabra esencial en el tiempo”- nos lo viene a confirmar. Una declaración de intenciones que precisaría más adelante: “el elemento poético no es la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación humana”.
Ni siquiera en su primera etapa, marcada por el Modernismo de Rubén Darío, se aprecian grandes excesos verbales. Además, pronto abandonaría esta tendencia para sumirse en otras inquietudes. Y es que en toda su lírica se aprecian tres líneas temáticas fundamentales: su intimidad –según la época, gozosa o dolorida-, el paso del tiempo y un hondo sentimiento patriótico.
Sin embargo, como decíamos, A Juan Ramón Jiménez constituye el reconocimiento del poeta encumbrado y en la cima de su prestigio hacia el principiante que se inicia en la batalla lírica y en el que aprecia enormes cualidades. Viene a ser una bienvenida que dirige a quién considera uno de los suyos.
Pero ni siquiera en este tipo de composiciones puede Machado abandonar algunos de sus motivos esenciales: la alusión al ciprés, la fuente que surte de agua, la luna o la primavera son elementos simbólicos que se repiten en muchos de sus poemas, al igual que ese tono suave, sin estridencias y un tanto melancólico, que tan bien muestra el carácter del extraordinario lírico que fue.
Podéis leer el poema aquí.
Fuente: Aula de letras.
Fotos: Antonio Machado: Claudio Elías en Wikimedia | Casa en Segovia: Mariano Fotos en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.