Entradas de Febrero de 2010

Libros Gratis

La gitanilla de Miguel de Cervantes, la unión de dos jóvenes vueltos gitanos

Por Gonzalo Valdivia Dávila, en 27 de Febrero de 2010

Cartel de la versión teatral

Las novelas ejemplares de Don Miguel de Cervantes tienen algo de fábula, por el significado de querer dar una lección provechosa, pero esto no quiere decir que sean netamente didácticas, pues los recursos artísticos del padre de las letras castellanas no acaban de deslumbrarnos. En La Gitanilla hay geminación en las historias de los dos jóvenes amantes, Preciosa, la quinceañera criada por una vieja gitana que la hurtó de recién nacida, siendo su verdadero nombre Constanza de Acevedo y de Meneses, hija del corregidor Fernando de Acevedo, caballero de la orden de Calatrava, y la de su novio, Juan de Cárcamo de familia acomodada, que a petición de la muchacha vive aprendiendo los usos gitanos y cambia de nombre a Andrés Caballero.

Mientras la pareja vive sin casarse, honestamente, la prueba de dos años de aprendizaje que pide la gitanilla, se recrea un ambiente de arcadia gitana, de gran solidaridad, complicidad y compañerismo. La única sombra de temor es la vuelta del poeta Sancho, quien tiempo atrás dedicó un poema en loa de la bella gitanilla, más superados los celos de Andrés, se vuelve amigo de este y se hace llamar Clemente. La identidad gitana es un requerimiento para la gente que ingresa al aduar, ellos rompen con el pasado de la sociedad estamental para sujetarse a las leyes y costumbres pasadas de generación en generación en el campamento gitano.

La virtud y la belleza como reflejo del linaje
Preciosa se entera de su origen al visitar la casa de los corregidores, pero solo lo revela al ver a Andrés al borde de ser ajusticiado por matar a un soldado que lo deshonró de una sonora bofetada. Esta es la mayor peripecia para ambos, la prisión del joven, pues la entrega de la verdad o anagnórisis la realiza Preciosa a sus legítimos padres, quienes la reconocen por una marca en el pecho y dos dedos de un pie algo juntos. Preciosa canta romances y poemas, baila con gracia y también es madura de entendimiento. Sus juicios son prudentes porque se inspiran en la justicia, algo que va de la mano con el carácter de su novio, quien se porta reticente a aprender a robar para consagrarse gitano.
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Libros Gratis, Teatro, clasicos

El Rey Lear de Shakespeare, el gran trágico de la literatura

Un drama humano
Por Luís Martínez González, en 26 de Febrero de 2010

Todo trabajo requiere su aprendizaje y el literario no tiene por qué ser una excepción. Un escritor tiene que ir progresivamente aprendiendo su oficio y perfeccionando sus técnicas hasta llegar a sus obras maestras, en las que ya ha logrado pulir sus defectos y mejorar sus virtudes.

Retrato de Shakespeare

William Shakespeare

Esto le ocurrió también a William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Inglaterra, 1564-1616), a quién podemos calificar, sin temor a equivocarnos, como el mejor autor de tragedias de todos los tiempos. Incluso él, que muestra algunos defectos en sus primeras obras –no obstante, excelentes-, fue eliminándolos progresivamente hasta llegar a sus grandes dramas: Macbeth, Otelo, Hamlet y El Rey Lear.

Curiosamente, es muy poco lo que se sabe a ciencia cierta sobre la vida de uno de los escritores más populares de todos los tiempos. Con mayor o menor certeza, sabemos que nació en Stratford y que era hijo de un fabricante de guantes, por lo que su situación económica no era boyante. Se casó muy joven, a los dieciocho años, con Anne Hathaway, mujer mayor que él y por entonces embarazada. Tras ello, su pista reaparece en Londres en 1592 como actor, director y escritor teatral. Pero, desde 1611, retorna al anonimato. Parece que volvió a Stratford, donde vive con su familia, parcialmente retirado hasta su muerte.

Es muy celebrado el pasaje de su testamento donde Shakespeare lega a su esposa ’su segunda cama preferida’, clara alusión a sus infidelidades. Pero, fuera de esto, poco más se sabe del mayor escritor en lengua inglesa.
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Libros Gratis, Teatro, clasicos

El Alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca

Un labrador muy digno
Por Luís Martínez González, en 25 de Febrero de 2010

La literatura hispana de los llamados Siglos de Oro –el XVI y el XVII- es, sin ningún género de dudas, la mejor de nuestra historia. Contar, en tan breve periodo de tiempo, con prosistas de la talla de Gracián, narradores como Cervantes o Quevedo, poetas como Góngora o dramaturgos de la categoría de Lope de Vega, Calderón o Tirso de Molina prueban indiscutiblemente esta afirmación.

Retrato de Calderón

Pedro Calderón de la Barca

Concretamente, el género teatral experimenta un espectacular desarrollo, con la creación de la Comedia Nueva a manos de Lope, a quién seguirán otros autores como Mira de Amescua o Guillén de Castro. Pero, por si esto fuera poco, existe una segunda generación de dramaturgos a la que se conoce como generación de Calderón de la Barca y en la que se incluyen, además de quién les da nombre, algunos de la valía de Moreto o Rojas Zorrilla.

Por tanto, el panorama teatral de los Siglos de Oro muestra dos grandes autores –sin menospreciar a los restantes-, cada uno de los cuales posee su propio grupo de seguidores: Lope de Vega y Calderón, con la particularidad de que es al primero a quién debe atribuirse la creación de la dramaturgia que luego seguirán los demás.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681), de familia montañesa, se formó en el Colegio Imperial de los Jesuitas y en las Universidades de Alcalá y de Salamanca. Ordenado sacerdote en 1650, fue, durante muchos años, el autor favorito de la Corte, donde estrenó casi todas sus obras, muchas de ellas de tal altura literaria que su influencia se extiende hasta bien entrado en siglo XVIII.
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Ensayo

El Manifiesto Comunista y la lucha de clases

Karl Marx y Friedrich Engels, por una revolución del proletariado
Por Andrea Jaén, en 25 de Febrero de 2010

Retrato de Karl Marx

Qué duda cabe de que el Manifiesto Comunista de Karl Marx ha sido uno de los libros más influyentes del pasado siglo. Pese a estar publicado en 1848, su influencia sobre la Revolución Rusa de 1917 fue tal, que aún hoy se sigue estudiando en universidades y centros educativos. Para muchos un sistema filosófico y una de las formas de pensamiento más importantes que surgirían a partir de la instauración del nuevo orden social que trajo consigo la industrialización europea.

Hay un pasaje en el Manifiesto Comunista donde se relata la importancia de las plazas públicas en la Edad Media, donde artesanos de todos los ámbitos, apendices de los pequeños talleres y comerciantes, se reunían para hacer trueques y negocios. Allí llevaban sus utensilios de trabajo, compraban nuevos y vendían otros. Con la llegada de la primera Revolución Industrial y la creación de un nuevo concepto social del trabajo (las fábricas), el trabajador (ya no le llamaremos más artesano) ya no tenía por qué llevar sus utensilios, se los prestaban sus patrones. Todo con lo que debía acudir a la fábrica era con él mismo, con su cuerpo. Es ahí cuando Marx introduce por primera vez el concepto de alienación. Ya no se hacen trueques con las herramientas, es el individuo el que importa para que el cuerpo de producción sea precisamente eso: productivo.

Así, Marx defiende que el proletariado, al estar desvinculado de su trabajo y del resultado del mismo, se convierte en un engranaje más de la maquinaria. El proletariado vende su cuerpo por la mera subsistencia, ya que es el burgués quien se queda con la plusvalía de sus esfuerzos. En el primer capítulo se habla de un concepto esencial para entender la teoría marxista: el materialismo histórico. Ello se traduce en un relato de la historia marcado por las tensiones de una continua lucha de clases. Para Marx y Engels, el devenir de la Historia con mayúsculas no es sino el intento del opresor por controlar al oprimido. Según un proceso dialéctico de la Historia, los trabajadores están llamados a la revolución con el fin de instaurar un sistema social sin clases, siguiendo los postulados del comunismo.
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Biografía, clasicos

José de Espronceda, biografía de un rebelde

Una vida muy agitada
Por Luís Martínez González, en 24 de Febrero de 2010

La filosofía idealista de principios del siglo XIX –fundamentalmente, la de Fichte y Schelling- que dio lugar al Romanticismo también ejerció una fuerte influencia en las mentalidades, dando lugar al nuevo espíritu de la época, inconformista y rebelde. Y, fruto de éste, es la figura del conspirador, hombre insatisfecho con las circunstancias socio-políticas de su tiempo y que busca modificarlas a través de métodos revolucionarios.

José de Espronceda

José de Espronceda

En España, como en todas partes, se dieron muchos de estos personajes, pero, quizá, por su carácter de figura literaria de primer orden, uno de los más relevantes fue José de Espronceda Delgado (Pajares de la Vega, Almendralejo, Badajoz, 1808-1842), cuyo nacimiento el mismo año en que se inicia la Guerra de la Independencia parece una premonición de su espíritu belicoso.

Pese a que su padre, militar de profesión, lo encaminaba a la carrera de las armas, él prefirió la de las letras, estudiando con el poeta y erudito Alberto Lista. El hecho de haber presenciado la ejecución del militar liberal Rafael del Riego influyo, probablemente, en sus ideas radicales. Y, así, con tan sólo quince años, fundaría una sociedad patriótica de tintes masónicos: los Numantinos. Al ser descubiertos por el régimen absolutista, el poeta fue condenado a cinco años de reclusión en un convento de Guadalajara, del que saldría a las pocas semanas gracias a la influencia de su padre.

Marchó entonces a Portugal, donde conocería a Teresa Mancha, con la que mantendría una turbulenta relación. Más tarde, quizá siguiendo a su amada, pasó a Inglaterra y de allí a Francia, donde se cree que combatió en las barricadas de París durante la Revolución de 1830, que elevaría al trono a Luis Felipe de Orleáns.
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Libros Gratis, Novela, Relato

Diez Negritos de Agatha Christie

La novela negra al estilo inglés
Por Luís Martínez González, en 23 de Febrero de 2010

La novela policíaca es, probablemente, la principal contribución norteamericana a los géneros narrativos. Dejando a un lado excepciones poco relevantes, puede considerarse iniciador de ésta al genial Edgar Allan Poe, con sus relatos breves protagonizados por el peculiar Dupin.

Agatha Christie

Agatha Christie

No obstante, la afición a este tipo de novelas se extendió pronto al continente europeo, especialmente a Inglaterra, tanto en lo referente a su lectura como al cultivo de las mismas. Así, el segundo gran autor con que cuenta el género –Arthur Conan Doyle, con su inigualable Sherlock Holmes- es británico. Y desde entonces, han alternado los novelistas de uno y otro lado del Atlántico.

No obstante, existen claras diferencias entre la narrativa policíaca inglesa y la norteamericana. En ésta, los escenarios se circunscriben a los bajos fondos y sus protagonistas son detectives marginales y casi siempre violentos. Por el contrario, en la británica, nos encontramos con ambientes aristocráticos o, al menos, elevados, y sus investigadores son inteligentes, deductivos y sólo emplean la fuerza en situaciones extremas –muchos de ellos, nunca-.

Una excelente muestra de estos rasgos de la novela policíaca al estilo inglés es la extraordinaria obra de Agatha Christie (Torquay, Inglaterra, 1890-1976), conocida como ‘la gran dama del crimen’. Sus novelas, más de ochenta, siguen casi siempre un mismo desarrollo, lo que no disminuye un ápice su calidad. La autora nos sitúa en un escenario donde se van desarrollando una serie de asesinatos y los lectores vamos recibiendo la información sobre las pistas que se hallan a la vez que el protagonista que debe desentrañar el misterio.
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clasicos

Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam

Por Andrea Jaén, en 23 de Febrero de 2010

“Si alguno de ellos desea pasar por sabio, una sonrisa, un aplauso, un movimiento de orejas a manera de asno serán suficientes para hacer creer a los demás que él se halla al tanto de lo que se trata, pese a que en el fondo no entienda cosa alguna.” (Elogio de la Locura)

Retrato de Erasmo de Rotterdam, National Gallery of London

Retrato de Erasmo de Rotterdam, National Gallery of London

Pese a lo que tradicionalmente se ha dicho, Elogio de la Locura (publicada en 1511) no es un libro anticlerical. El mismo Erasmo de Rotterdam, humanista y librepensador, lamentaría esta lectura contra una religión que él profesaba y respetaba. Sin embargo, en el manuscrito se saldan deudas con determinadas instituciones eclesiásticas claves en la vida del autor. Esto es, los centros educativos. Para Eramo dichas escuelas creaban seres domados, incapaces de pensar por ellos mismos, encerrados en cárceles intelectuales de las que les sería muy difícil salir. Con una profunda voluntad didáctica empezó Erasmo a adentrarse en la escritura.

En Elogio de la locura no solo se trata el asunto del control de las mentes librepensadoras sino que se hace apología por una institución, la religiosa, limpia y no lucrativa. Una institución que vele por las almas y que deje de lado esa fascinación por el poder que, según Erasmo, caracterízaba la rama católica. Como vemos, todo un desafío a la autoridad papal. Tras el Concilio de Trento y la separación del Cristianismo entre católicos y protestantes, los libros de Erasmo de Rotterdam fueron incluidos en el Índice de obras prohibidas de la Iglesia Católica.

En el libro se nos presenta a la Locura, hija de la ebriedad y la ignorancia, que tiene como compañeros de andanzas al Narcisismo, el Olvido, la Pereza, el Placer o el Sueño profundo. La propia Locura se dirige al lector para relatarle cómo su presencia a lo largo de la Historia es la causante de los mayores estragos en la sociedad y de la decadencia de las instituciones eclesiásticas. No en vano, Erasmo se unió a Lutero en la defensa de un cristianismo primigenio.
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Opinión, Teatro, clasicos
El delincuente honrado

Jovellanos, precursor del Romanticismo

Los duelos de honor
Por Luís Martínez González, en 22 de Febrero de 2010

El siglo XVIII es el del Racionalismo y la Ilustración. La Razón fue idolatrada y este hecho, no tan beneficiosa como pudiera parecer a primera vista para algunas cosas, sí lo fue para otras. Probablemente, el mejor fruto de ello fue el afán docente que preside la obra de escritores y tratadistas.

Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos

Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos

En efecto, todos los pensadores de la época propugnaron la necesidad de educar al pueblo, de sacarlo del analfabetismo secular que padecía y, por ende, eliminar de una vez por todas las supersticiones por las que aquél se guiaba. Este interés didáctico se trasladó pronto a la literatura y, a causa de ello, ésta es de menor calidad artística que la de otros periodos.

Este menoscabo de la calidad literaria, que ya seria importante en lo referente al ensayo, es peor cuando afecta a la lírica, al teatro o a la narrativa. No obstante, el objeto de la literatura no es sólo la pura belleza estética, sino que debe albergar contenidos humanos y, de entre ellos, no es el peor la educación.

Una vez realizada esta precisión, debemos señalar, no obstante, que también esta centuria muestra autores y obras interesantes. Y, de entre ellos, uno de los más insignes es Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-1811), insigne polígrafo que vivió todas las circunstancias de una convulsa etapa histórica. Magistrado de varias Audiencias, fundador del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía –de nuevo el afán docente-, Ministro de Gracia y Justicia, también sufrió destierro y cárcel cuando las circunstancias políticas cambiaron.
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Cuento, Opinión, Relato
El Señor Nichtverstehen

El realismo idealista de Juan Valera

Una importante lección vital
Por Luís Martínez González, en 22 de Febrero de 2010

Todo movimiento o etapa literaria cuenta con excepciones. Son autores que no se ajustan a las normas que éstos ponen de moda, bien por su carácter iconoclasta, bien porque su estilo es tan personal que no concuerda con ellas ni puede hacerlo. Y, así, aunque se ven influidos por aquéllas, muestran también rasgos propios de otras tendencias.

Juan Valera

Juan Valera

Esto se aprecia claramente en el periodo del Realismo –segunda mitad del siglo XIX- con Juan Valera (Cabra, Córdoba, 1826-1905), a quién la crítica ha llegado a tildar de anomalía literaria por el componente idealista de su narrativa en una época en que primaba la reproducción ‘fotográfica’ de la sociedad.

Fue Valera hombre de vida un tanto ajetreada y brillante. Ejerció la diplomacia por Europa y América, fue diputado a Cortes y alto cargo en la Administración del Estado, todo lo cual le permitió frecuentar los glamorosos salones de la aristocracia y vivir no pocas aventuras sentimentales.

Pero todo ello no le impidió mantener una dedicación literaria fructífera. Novelista tardío –su primera narración extensa, Pepita Jiménez fue escrita en 1874, cuando el autor contaba casi cincuenta años-, sus obras muestran una inclinación por los caracteres femeninos respecto a los cuales evidencia un excelente conocimiento. En efecto, la mujer es tema recurrente en sus narraciones. Además de la obra citada, podemos mencionar Juanita la larga o Genio y figura, cuyas protagonistas son mujeres fuertes y decididas, verdaderas personalidades.
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Ensayo, clasicos

Las Moradas del Castillo Interior

Continuación moral de Camino de Perfección por Santa Teresa de Jesús
Por Andrea Jaén, en 21 de Febrero de 2010
Retrato de Santa Teresa en el Museo San Pío V, Valencia

Retrato de Santa Teresa en el Museo San Pío V, Valencia

Dicen que Las moradas es la mejor obra de Santa Teresa de Jesús. En un artículo precedente ta habíamos hablado de Camino de Perfección, un compendio de consejos para las monjas carmelitas. Con 62 años Santa Teresa se embarca en Las moradas, prácticamente obligada por el Padre Gracián y bajo la atenta mirada de la Inquisición, que empieza a estar más que descontenta con sus obra progresistas. Como en Camino, se trata de una obra que versa sobre las tribulaciones de la vida mística, sus deberes y obligaciones, siempre con un marcado carácter didáctico.

En este manuscrito, articulado en siete moradas, ahonda un poco más en los peligros del alma y en qué hacer para evitarlos. Al hacer referencia al castillo se está refiriendo al alma, aclarando en el capitulo primero que la llave para llegar a ella no es sino la oración. Así, ésta serviría para dejarnos llevar y abrir nuestros corazones a Dios. De nuevo, consejos para poder desentrañar los entresijos del alma y alcanzar el camino hacía la iluminación del ser. Por consejo del Padre Gracián escribe los mandatos que parecen necesitar las monjas del Monasterio de Nuestra Señora del Carmen respecto a la oración, puesto que supuestamente “mejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras”.

Ya en la introducción Santa Teresa explicita su declaración de intenciones. En primer lugar deja claro su descontento al verse obligada a escribir ese libro en medio de un período complicado de su vida. En 1577 se encontraba Teresa en Toledo, donde empezaría a escribir, para luego trasladarse al Convento de Ávila, en el que pasaría un año. Allí había ido a parar después de la propagación de calumnias y comentarios deshonrosos hacia su persona, librándose de ser mandada a un convento en América. Muchas críticas le valieron por su estatuto de mujer “andariega”, pero ella permaneció con las monjas de la Encarnación, que la hicieron priora, durante un año. Una vez en Sevilla, Santa Teresa recibió la llamada de la Inquisición por supuestas faltas morales, denuncia de la que finalmente se libraría.
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